La tuba es un instrumento musical perteneciente a la familia
del metal, de sección cónica, con boquilla en un extremo del tubo y un pabellón
orientado bien hacia arriba, bien horizontalmente. En los primeros el sonido es
de una tesitura media y grave, mientras que los horizontales son de sonido más
agudo. El pabellón se abre lentamente, produciendo así su característica
profundidad de sonido.
El origen de la tuba se remonta a los siglos XVII
y XVIII cuando aparece el serpentón, instrumento muy utilizado en Francia como
refuerzo del canto gregoriano. Basado en un tubo cónico ancho, contaba con dos
grupos de tres orificios y una embocadura de cobre. Estaba construido en una
sola pieza de madera a la que se le daba una forma ondulada y que era cortada en
dos partes, para poder ahuecarla y que, posteriormente, se encolaba. Se extendió
por Inglaterra y Alemania pero con una función muy distinta, ya que se utilizaba
para apoyar los graves en las bandas militares. Más tarde, en el siglo XIX
encontramos el oficleide, instrumento creado por J. Halary en París y
considerado otro de los antecesores de la tuba. Estaba constituido por un tubo
cónico de 1 m de longitud, una embocadura similar a la del trombón y un pabellón
en el otro extremo. Contaba con once llaves, lo que permitía una mayor libertad
de interpretación. Para poderlo tocar era necesaria la ayuda de un cordón
alrededor del cuello que lo sostuviera, como en el caso del fagot. Su registro
grave y sonoridad más clara que la tuba hacían de él un instrumento idóneo en
las bandas militares, en las que se utilizan los dos modelos: contralto y
contrabajo. Así mismo, fue introducido en la ópera de la mano de Spontini,
aunque pronto sería relegado por la tuba. La tuba propiamente dicha surgió en el
siglo XIX a raíz de las variaciones hechas por el constructor belga Adolphe Sax
sobre los instrumentos de viento. Sería el propio Sax el inventor de un
instrumento denominado Saxhorn, debido al nombre de su creador, que en sus
diferentes variaciones integra una familia de la que formaría parte la tuba. Con
los años el original saxhorn perdería importancia a favor de la tuba.
Actualmente podemos distinguir tres modelos de tuba:
Bass-tuba:
Denominado en ocasiones contrabajo de viento o tuba bajo, presenta una tonalidad
de do o si bemol, cuenta con cuatro o cinco válvulas y su extensión es de tres
octavas y una cuarta (del Do 1 al Fa 3). Hoy día es la más empleada por su
sonoridad más potente y expresiva, armonizando perfectamente con los demás
instrumentos de metal y los de madera. Se inició esta costumbre en las orquestas
norteamericanas e italianas.
Tuba tenor: Cuenta con una tonalidad en si
bemol y tres válvulas, y es la continuación hacia los agudos de la tuba bajo ya
descrita anteriormente. Esta variante de la tuba también ha sido denominada
Saxhorn barítono, y es la única que ha mantenido el nombre de su creador.
Tuba en Do: Constituida por seis válvulas y una extensión de cuatro octavas
(de Do 1 a Do 4). Fue muy utilizada por las orquestas francesas a finales del
siglo XIX y perfeccionada por Gustave Auguste Besson, que pudo reducir en parte
su enorme tamaño. Mención aparte merece la tuba wagneriana, mandada construir a
propósito por el mismo músico alemán para su tetralogía El anillo del nibelungo,
que requería la ejecución de cuatro tubas especiales con embocadura de trompa,
tocadas por los trompistas 5º, 6º, 7º y 8º, de las cuales dos estaban afinadas
en si bemol y las otras dos en fa. Pese a la exclusividad de su uso, las
continuas representaciones de la obra wagneriana hacen necesaria la existencia
de talleres dedicados a la construcción de dichos instrumentos. La mayoría de
los talleres que aún la fabrican se encuentran en Alemania.
Entre las
obras más notables que incluyen la tuba destacan la Sinfonía fantástica (sueño
de una noche de aquelarre): Tema de Dies Irae por dos tubas y fagot de Berlioz,
Cuadros de una exposición (Bydlo:solo de tuba bajo) y Ma mère l´oye ambas de
Moussorgski-Ravel, el Concierto para tuba bajo y orquesta de Vaughan-Williams,
Don Quijote de R. Strauss Petrouchka (danza del oso) de Strawinsky, la ópera El
asedio de Corinto de Rossini y el preludio Los Maestros Cantores de Nuremberg de
Wagner, autor de quien también destaca el tema de Walhalla El oro del Rhin, obra
escrita para tuba wagneriana, instrumento para el que igualmente compusieron
Bruckner, el segundo tiempo de su Séptima sinfonía, y R. Strauss, su obra
Elektra.
Tuba romana
Trompeta romana de metal provista de
boquilla de marfil, hueso o metal. Contó con un diámetro de unos 2, 5 cm, el
pabellón de campana, y de 1 cm en la sección próxima a su embocadura. Otras
denominaciones latinas con las que contó fue tubula, empleada por Séneca (ca. 4
a de C. -65 d. de C. ) en una de sus Cartas a Lucilio, donde le explica que
ningún ruido puede molestar al sabio en su estudio, ni siquiera el del músico
que prueba sus pequeñas trompetas y sus tubulas cerca de la fuente llamada Meta
Sudans. También existen las variantes tuba marina, tuba ordinaria y tuba
serpentina.
De origen etrusco, tuvo una constante participación en la música
del momento, pero su principal función sería la de acompañamiento en desfiles
militares, y se utilizaba también en el campo de batalla para emitir los toques
de ataque o retirada. Su sonoridad grave y ronca queda reflejada en numerosos
escritos militares y civiles: así, Quintiliano (ca. 35-ca. 100), en su obra De
Institutione oratoria, explica que cuanto mayor es la concordancia del sonido
entre el cornu y la tuba, mayor es la gloria de las legiones romanas en la
guerra. Su utilización militar queda también reflejada en los textos de Vegetius
(siglo IV) De re militari o los de Horacio (65-8 a.C. ), quien nos explica cómo
a los soldados en los campamentos les gustaba oír la mezcla de sonidos
producidos por el lituus y la tuba. Tibulo (ca. 60-ca. 19 a.C.) la asociaba
tanto a la guerra como, metafóricamente, a la lucha entre ésta y el amor. Otros
autores que mencionan el instrumento en sus textos son Lucrecio (94-ca. 51 a.C.
) en De rerum natura, IV, 543-546 y Virgilio (70-19 a.C. ), en sus Georgicas,
IV, 71. Más tarde, sería Propercio (ca. 50-ca. 2 a.C. ) quien señaló como otra
importante función de la tuba su papel en el acompañamiento de la música
funeraria. A este respecto, Javier Arce (1988) nos ofrece una amplia información
sobre los funerales de los emperadores romanos; tal es el caso del funeral de
Sila, en el que nos detalla cómo tras la muerte del emperador en Nápoles hubo
que trasladar su cuerpo a Roma. En dicho traslado el fallecido emperador iba
acompañado de un séquito, entre el que se encontraban, en primer lugar, los
portadores de los estandartes y las hachas, seguidos por el cuerpo de Sila en un
lectus labrado en oro. Tras el carruaje fúnebre se situaban los tubecines,
jinetes y soldados de a pie, con tal suerte para los tañedores de tuba que, una
vez llegados a las puertas de la ciudad, eran ellos los que pasaban a abrir la
comitiva, seguidos de inmediato por el lectus tras el que se situaban los
carruajes con las ofrendas y regalos, una estatua del emperador y los
sacerdotes, sacerdotisas, representantes del senado y magistrados. Cerraban el
desfile los equites y los soldados de a pie. Por influencia de la tuba se dio el
término bajo latino de trumba y ambos serán empleados para referirse a las
trompetas. Higini Anglés (1935) habla de corn o tuba al referirse al instrumento
que tocan los músicos de la fachada del monasterio de Ripoll (siglo XII) y para
señalar el instrumento que aparece en la fachada de la catedral de Tarragona
(siglo XIII); de igual modo, designa como tuba al instrumento que toca un juglar
en el Beatus (c. 1000) de la Seo de Urgel y que podría englobarse entre las
variantes del tipo trompa.
El nombre de tuba quedará de forma simbólica al
identificarlo como atributo de una deidad o como instrumento cuyo sonido era el
encargado de avisar del Juicio Final. Tales ejemplos los encontramos en Juan de
Padilla (1468-ca. 1522), quien en su Triunfo Segundo
escribiría:
"Responde la tuba con místico son
cuando con huelgo
divino toca".
De igual forma aparece en el Triunfo Quinto:
"La
tuba sonora de nuestra doctrina
entona su voz con aquel armonía
con que
las vozes dispares hacía.
acordes con una sustancia divina".
Hasta
nuestros días han llegado tubas, como la que se conserva en el Museo Etrusco de
Roma y que tiene una longitud de 117 cm, aunque se conoce de la existencia de
otras tubas de mayor tamaño como las reproducidas en la Columna Trajana (113),
que se acercan a los 120 cm o la representada en el mosaico romano de Dar Buk
Ammera, conservado en el Museo Nacional de Trípoli, con casi 150 cm. También
formaron parte de las obras de pintores como Giotto (ca. 1267-1336), quien la
utilizó en El retorno de María del rito nupcial, capella degli Scrovegni en
Padua y Pieter Brueghel (1525-1569) con La caída de los ángeles rebeldes
conservado en el Musées Royaux des Beaux-Arts en Bruselas. Ambos maestros la
utilizaron en temas religiosos simbólicos.

Texto: MoisesViretti de la Enciclopedia Brassamania
Foto: Israel Viretti
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