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(Articulo de Moises Viretti, Fotografía Israel Viretti)

También conocido como corno francés, es un instrumento aerófono de metal consistente en un tubo cilíndrico en su parte media, que se ensancha progresivamente y se arrolla sobre sí mismo, alcanzando una longitud de 4´5 m. Cuenta con boquilla cónica y estrecha, con un ancho pabellón y tres o cuatro válvulas. En relación al resto de los miembros de la familia del metal que forman parte de la orquesta, es el instrumento que ocupa el puesto de "alto".

Origen y Evolución

Sus antecedentes históricos se refieren, principalmente, a ciertas similitudes de rasgos y sonido con otros instrumentos, si bien a lo largo de los siglos las modificaciones han sido frecuentes. El primero de estos instrumentos musicales, con forma en G, que puede ser calificado como antecesor es el cornu romano. Sin embargo, la historia del corno francés se escribe a partir del siglo XVI en los terrenos de caza franceses, donde aparece un cuerno utilizado en las cacerías como instrumento de señalización. Por eso también es conocido con el apelativo de trompa de caza o trompa natural. Poseía una forma helicoidal, pabellón ancho y embocadura en forma de embudo. Se conoció hasta finales del siglo XVII. Marin Mersenne nos habla de un cuerno de caza al que denomina huchet, cuyo cuerpo, que describe un semicírculo y alcanza 68 cm de longitud, estaba hecho con madera y cubierto de cuero a la manera de la corneta y emitía cuatro armónicos. Aunque carecía de pabellón, poseía en el extremo una anilla protectora de metal. Otro instrumento parecido al huchet era el grand cor, aunque su longitud tubular era mayor. En L´Encyclopédie se le denomina double cornet.

Aparte de los cuernos de caza, hacia 1620 apareció la Jäger Trommet alemana, pequeña trompa de caza metálica con cuatro o cinco vueltas angostas, tímido pabellón y ancha embocadura. Según R. Morley-Pegge (1960), la trompa de caza llegó a Inglaterra a partir de 1661, en la época del inicio de la Restauración, cuando se permitió nuevamente el uso de perros en las cacerías.

Hacia 1680, el conde Franz Anton von Spörken la trasladó a Bohemia, lugar donde el instrumento se incorporó a una orquesta por vez primera. De allí pasó a Viena, ciudad que influyó notablemente en su evolución. El primer cambio notable que experimentó, lo llevaron a cabo los hermanos Leichnamshneider: añadieron los tonos de recambio y ensancharon el calibre del tubo, lo que permitía tocar, por primera vez, en tonalidades distintas. Esta trompa, utilizada en orquestas, se mantuvo vigente a lo largo del siglo XVIII.
Sobre este mismo modelo, en 1781 el trompista alemán Carl Thürrschmidt realizó otra serie de cambios, que dieron lugar a la denominada trompa solista. Su importancia estriba en que fue el instrumento de base al que se le añadió el primer pistón en 1815. En la historia de la evolución de la trompa es muy conocido el trompista de la capilla real de Dresde Anton Joseph Hampel (ca. 1705-1771), quien, a mediados del siglo XVIII, sustituyó el sistema de los cilindros o tonos y los ubicó en el centro del instrumento. Para tal fin practicó unos canales que se adentraban en el aro o círculo de la trompa, acoplando así los recambios. En la siguiente década, el vienés Leopold Uhlmann desarrolló su sistema de doble pistón que sería, a su vez, el modelo base de la trompa de tres pistones que adquirió un gran papel a partir de 1830. Con ella, la orquesta de Johann Strauss causó gran sensación en el Berlín de 1835.

Los intentos de evolución descritos venían a paliar la limitación sonora de la primitiva trompa de caza, que no podía producir la totalidad de las notas de la escala, y quedaba limitada a la emisión de aproximadamente dieciséis sonidos armónicos de una serie. De este modo, la escritura de este aerófono estaba condicionada por las carencias del mismo.

Talleres y fabricantes

Las trompas construidas hacia 1700 por R. Chrétien poseían un tubo que podían llegar a alcanzar una longitud de 5 m y un perímetro de hasta 1 m. Los miembros de dicha familia gozaron de gran fama en la fabricación de aerófonos de metal desde tiempos de Enrique IV. Muchos artesanos germánicos se establecieron en París dado el auge que tuvo allí el instrumento. Un bonito ejemplar de Harteman del siglo XVIII fabricado en la anterior ciudad se conserva en el Museo de la Música de Barcelona. En 1888, en respuesta al renacimiento de la música barroca, el fabricante Cerveny presentó una trompa en fa agudo. Este instrumento no fue adoptado de inmediato y tuvo que esperar a mediados de nuestro siglo. En la actualidad, la trompa está afinada en fa agudo e incluye tres pistones.

Compositores e intérpretes

El verdadero tratamiento orquestal de la trompa tuvo lugar en 1705, cuando R. Keiser la introdujo en su ópera Octavia, representada en Hamburgo. Igualmente, Bach la empleó con relativa notoriedad, especialmente en sus cantatas tanto de carácter profano como sacro. Georg P. Telemann (1681-1767) las consideró asiduamente en sus partituras y, con el tiempo, los músicos alemanes harían lo mismo. De gran significación es la presencia del instrumento en la suite en Fa de The Water Music, obra de G. F. Händel (1685-1759) que estaba pensada para ser tañida en aguas del Támesis durante una celebración. En Music for the Royal Fireworks (1749), el compositor contó con nueve trompistas. La trompa encontró un gran arraigo en el país de George Stubbs (1724-1806), tan famoso por sus escenas de caza.

En España, la orquesta que tocaba en el Real Coliseo del Buen Retiro a mediados del siglo XVIII contaba con dos famosos trompistas en su plantilla: Antonio Schefler y José Pincraut. Estos eran los mismos que se desplazaban con una agrupación más reducida a los Reales Sitios de Aranjuez, con el fin de amenizar la estancia de Fernando VI. Uno de los músicos de la segunda mitad del XVIII, el burgalés Carlos Francisco Almeyda, escribió una Sinfonía para dos violas, violetta, dos oboes, dos trompas de caza y bajo continuo.

La verdadera eclosión de este aerófono tuvo lugar en Francia durante el reinado de Luis XIV. En la orquesta de la capilla de Versalles de 1761 figuraban dos trompas y otras tantas en la orquesta operística del propio palacio hacia 1770. Muchos y notables fueron los compositores galos que escribieron para este instrumento: J. J. Mouret, Michel Corrette (1709-1795), François Martin (1727-1757), Claude Balbastre (1727-1799), etc. Por estas fechas, Mozart escribió durante su estancia parisina una Sinfonía concertante para flauta, oboe, trompa y fagot (k 297 b); el destinatario de la parte de trompa era el virtuoso llamado Punto, trompista de la orquesta de Manneheim. También era frecuente que el gran compositor la incluyese en sus divertimentos y serenatas. Anteriores a los conciertos de Mozart son los de J. Haydn en Re y los seis Scherzandi (ca. 1760) para flauta, dos oboes, dos trompas, dos violines y bajo, o los Divertimenti concertanti (ca. 1781). Un año después de la edición de Ideen, H. Domonich daba a conocer en París el primer método para trompa: Méthode de premier et de second cor.

Información Recopilada de la Enciclopedia Brassmania.

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